Mar y pesca

Mi serie “Mar y pesca”, es un conjunto de obras que persiguen mostrar la relación contradictoria entre la belleza luminosa del paisaje marino y las huellas humanas que lo transforman. A través de texturas ricas, paletas que alternan azules fríos y ocres cálidos, trazos que oscilan entre la precisión y la mancha expresiva, intento captar tanto la serenidad del agua como la tensión que surge de la intervención pesquera: redes tendidas, embarcaciones ancladas, boyas gastadas, restos de malla fundidas con el oleaje.

Cada pieza parte del estudio de la figuración anatómica y la observación directa de las costas —luces cambiantes al amanecer, espuma que se repliega, naturaleza en movimiento— y de materiales recuperados del propio entorno: cuerdas, trozos de madera, hilos. Estos elementos físicos incorporados a las obras buscan enlazar la imagen pictórica con la presencia tangible del oficio, enfatizando la memoria y el paso del tiempo. El objetivo no es documentar de manera literal una labor artesanal, sino sugerir una narrativa donde la pesca aparece como ritual y analogía filosófica de una verdad espiritual que a la vez, embelesa el equilibrio del paisaje y nos aproxima a lo eterno e inalcanzable para nuestra naturaleza terrenal. En la serie exploro también la dialéctica entre lo próximo y lo remoto: planos detallados de manos y redes frente a horizontes abiertos que invitan a la contemplación. La luz actúa como personaje: ora revela, ora disimula; los reflejos y las sombras construyen atmósferas que van de la calma melancólica a la energía cortante.

Mis bodegones sobre peces muestran una preocupación por la textura y la luz: las escamas reflejan destellos metálicos que contrastan con las superficies opacas de las redes, las tablas y las vasijas. En cada pieza busco capturar el peso y la quietud del animal fuera de su elemento, la tensión entre lo exánime y lo digno, lo cotidiano y lo ceremonial, lo tangible y lo abstracto.

Trabajo con paletas sobrias —azules grisáceos, verdes profundos, ocres terrosos— para enfatizar la frialdad del mar y la calidez de los objetos domésticos que lo rodean. Las composiciones suelen ser cerradas, con un foco claro en los volúmenes: la curvatura del cuerpo del pez, la huella de la mano del hombre y su alimento. Empleo pinceladas que varían entre la precisión minuciosa en las escamas y manchas más sueltas para sugerir reflejos y sombras, buscando un equilibrio entre naturalismo y sugerencia pictórica.

Simbolismo y memoria suelen subyacer: el pez puede aludir a sustento, trabajo y ciclo de la vida; los pelicanos y las herramientas domésticas remiten a alusiones espirituales, gestos cotidianos y prácticas de la costa. A veces introduzco objetos inesperados —un soporte húmedo, una palangana circular, una cesta esmaltada— para crear disonancias que inviten a una segunda lectura. La iluminación usualmente proviene de una fuente lateral o cenital suave, que modela volúmenes y acentúa texturas.

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